HUELE A VINO.

A días interminables en La Cabaña. A sol y a tierra húmeda. A que más da si es época de vendimia. A tómate otra copa de Nidia que mañana será otro día. A ausencia de voluntad y falta de responsabilidad cuando tú tez se vuelve morena y tus ojos se oscurecen como los colores ocre de los campos de Castilla. 

SI, podría vivir de la recolección de vid durante todo el año. Tradición de abuelos a padres, a hijos y a nietos. 

 

La fabricación de un vino requiere de una profunda comprensión. Renacer, reconstruir y resurgir de las raíces . 

Es como si un ser humano, en el transcurrir de su vida, hubiera perdido trozos de su cuerpo, de su corazón y de su dignidad. Pero encontrará en sus cenizas la capacidad de resucitar. Y volver a ser feliz, a soñar, a reír, a creer, a soñar, a amar y a que tenemos el derecho de vivir intensamente este único, excepcional e irrepetible viaje que es la vida.

Vida y vino. Vino y vida. 

Y yo viajé recordando incansables paseos de las generaciones que nos dejaron cargando sobre su cabeza el peso de su vida, de su subsistencia y de su dignidad, por los surcos de una tierra salpicada de cepas y parras. 

 

Pelayo Arango Lara para Bodegas Nidia. 

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